Dos trenes se cruzaron a toda velocidad en un túnel, y dos viajeras se recostaron en sus esquinas con un suspiro —o mejor dicho, con dos suspiros— de alivio. —¡Una! —murmuró Clara para sus adentros—. ¡Ganada! Es una palabra de buen agüero. ¡Esta vez, al menos, la victoria será mía!
Pero ¿lo era?