Codal
nydus/A Tangled TalePublic
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NUDO VII.

siete galletas. Total, un chelín con dos peniques.* Bien, ¿vamos ahora con el

—Un vaso de limonada... —empezaba a decir Clara, cuando de pronto el carruaje se detuvo y un cortés mozo de estación ayudaba a bajar a la desconcertada muchacha antes de que hubiera tenido tiempo de terminar la frase.

Su tía se guardó las tabletas en el bolsillo al instante. «Los negocios primero —dijo—: la caja chica —que es una forma de placer, pienses tú lo que pienses—, después». Y procedió a pagarle al cochero, y a dar voluminosas órdenes sobre el equipaje, completamente sorda a los ruegos de su desdichada sobrina de que anotara el resto de la cuenta del almuerzo.

«¡Querida, de verdad debes cultivar una mente más capaciosa!» fue todo el consuelo que se dignó otorgarle a la pobre muchacha. «¿Acaso las tabletas de tu memoria no son lo suficientemente amplias como para contener el registro de un solo almuerzo?».

—¡No es bastante ancha! ¡Ni la mitad de ancha! —fue la apasionada respuesta.

Las palabras vinieron muy a propósito, pero la voz no era la de Clara, y ambas damas se volvieron con cierta sorpresa para ver quién era la que se había metido de repente en su conversación.

Una viejecita regordeta estaba de pie junto a la puerta de un carruaje, ayudando al cochero a sacar lo que parecía ser una réplica exacta de ella misma: no habría sido tarea fácil decidir cuál de las dos hermanas era más regordeta o cuál tenía el aspecto más bonachón.

—¡Te digo que la puerta del carruaje no tiene ni la mitad de la anchura necesaria! —repitió, mientras su hermana finalmente emergía, más o menos a la manera de un proyectil disparado por una cerbatana, y

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