En el Nudo VI, el primer Problema era por supuesto un mero jeu de mots, cuya presencia creí disculpable en una serie de Problemas cuyo objetivo es entretener más que instruir: pero no ha escapado a las críticas despectivas de dos de mis corresponsales, que parecen pensar que Apolo tiene la obligación ineludible de mantener su arco siempre tenso.
Ninguno de los dos lo ha adivinado: y esto es la verdadera naturaleza humana. El otro día sin más —el 31 de septiembre, para ser exactos— me encontré con mi viejo amigo Brown, y le propuse un acertijo que acababa de oír. Con un gran esfuerzo de su mente colosal, Brown lo adivino.
"¡Correcto!", dije. "Ah", dijo él, "es muy ingenioso—muy ingenioso. Y no es una respuesta que se le ocurriría a cualquiera. Muy ingenioso, en verdad".
Unos cuantos metros más adelante, me topé con Smith y a él le propuse el mismo acertijo. Frunció el ceño ante él durante un minuto, y luego se rindió. Con sumisión, balbuceé la respuesta.
"¡Una birria, señor!", gruñó Smith, mientras se alejaba. "¡Una verdadera birria! ¡Me sorprende que te moles en repetir semejante tontería!"
Y sin embargo, la mente de Smith es, si cabe, aún más colosal que la de Brown.
El segundo Problema del Nudo VI es un ejemplo de la Regla de Tres Doble ordinaria, cuya característica esencial es que el resultado depende de la variación de varios elementos, los cuales están relacionados con él de tal manera que, si todos menos uno son constantes, varía en función de ese uno; por tanto, si ninguno es constante, varía en función de su producto. Así, por ejemplo, el volumen cúbico de un depósito rectangular varía en función de su longitud, si el ancho y la profundidad son constantes, y