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CAPÍTULO XII. Ataque a las líneas de cordón

Si una decisión suprema hubiera de depender de su defensa y su ataque, colocan al atacante en una situación ventajosa, pues su gran extensión resulta aún más contraria a todos los requisitos de una batalla decisiva que la defensa directa de un río o una cadena montañosa.

  • Las líneas de Denain de Eugenio, de 1712, son una ilustración pertinente al caso, pues su pérdida equivalió por completo a una derrota rotunda, pero difícilmente habría obtenido Villars semejante victoria contra Eugenio en una posición concentrada.

Si el bando ofensivo no posee los medios necesarios para una batalla decisiva, entonces aun las líneas son tratadas con respeto, es decir, si están ocupadas por el grueso de un ejército; por ejemplo, las de Stollhofen, sostenidas por Luis de Baden en el año 1703, fueron respetadas incluso por Villars.

Pero si solo son mantenidas por una fuerza secundaria, entonces se trata meramente de la fuerza del cuerpo que podamos destinar a su ataque. La resistencia en tales casos rara vez es grande, pero al mismo tiempo el resultado de la victoria rara vez vale gran cosa.

Las líneas de circunvalación de un sitiador tienen un carácter peculiar, del cual hablaremos en el capítulo sobre el ataque a un teatro de operaciones.

Todas las posiciones del tipo de cordón, como por ejemplo las líneas fortificadas de puestos avanzados, etc., etc., tienen siempre esta propiedad: que pueden ser fácilmente quebradas; pero cuando no son forzadas con la intención de ir más allá y provocar una decisión, hay por lo general tan poco que ganar con el ataque, que difícilmente compensa el esfuerzo invertido.

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