El lector espera oír hablar de ángulos y líneas, y encuentra, en lugar de estos ciudadanos del mundo científico, solo a gente de la vida ordinaria, como la que se encuentra todos los días en la calle.
Y, sin embargo, el autor no puede decidirse a volverse ni un pelo más matemático de lo que el tema le parece requerir, y no le alarma la sorpresa que el lector pueda mostrar.
En la guerra, más que en ninguna otra parte del mundo, las cosas suceden de manera distinta a como las habíamos esperado, y vistas de cerca tienen un aspecto diferente al que tenían desde la distancia.
Con qué serenidad puede contemplar el arquitecto su obra, que se alza y crece gradualmente según su plano.
El médico, aunque esté mucho más a merced de agencias misteriosas y del azar que el arquitecto, aun así conoce lo suficiente las formas y los efectos de sus medios.
En la Guerra, por otra parte, el Comandante de un inmenso conjunto se halla en un torbellino constante de información falsa y verdadera, de errores cometidos por miedo, por negligencia, por precipitación, de contravenciones a su autoridad, ya sea por motivos erróneos o correctos, por mala voluntad, verdadero o falso sentido del deber, indolencia o agotamiento, de accidentes que ningúm mortal habría podido prever. En resumen, es víctima de cien mil impresiones, de las cuales la mayoría tienen una tendencia intimidatoria, y muy pocas una tendencia alentadora.
Por una larga experiencia en la guerra se adquiere el tacto de apreciar con prontitud el valor de estos incidentes; el gran valor y la estabilidad de carácter resisten a ellos, como la roca resiste el batir de las olas.
Quien cediera a estas impresiones jamás llevaría a cabo una empresa, y por ello la perseverancia en el objeto propuesto, mientras no haya una razón decidida en contra, es un contrapeso de máxima necesidad.
Además, apenas existe ninguna empresa célebre en la Guerra que no haya sido lograda mediante un esfuerzo, unos sufrimientos y unas privaciones sin fin; y como aquí la debilidad del hombre físico y moral está siempre dispuesta a ceder, solo una inmensa fuerza de voluntad, que se manifiesta en una perseverancia admirada por las generaciones presentes y futuras, puede conducirnos a nuestra meta.