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CAPÍTULO VI. Duración del Combate

Si consideramos el combate ya no en sí mismo, sino en relación con las otras fuerzas de la Guerra, entonces su duración adquiere una importancia especial.

Esta duración debe considerarse hasta cierto punto como un segundo éxito subordinado. Para el vencedor, el combate nunca puede terminar demasiado rápido; para el vencido, nunca puede durar demasiado. Una victoria rápida indica un mayor poder de victoria; una decisión tardía es, por parte del derrotado, cierta compensación por la pérdida.

Esto es en general verdad, pero adquiere una importancia práctica en su aplicación a aquellos combates cuyo objetivo es una defensa relativa.

Aquí el éxito entero radica a menudo en la mera duración. Esta es la razón por la que lo hemos incluido entre los elementos estratégicos.

La duración de un combate está necesariamente ligada a sus relaciones esenciales.

Estas relaciones son: la magnitud absoluta de la fuerza, la relación de la fuerza y de las diferentes armas entre sí, y la naturaleza del terreno.

Veinte mil hombres no se desgastan mutuamente tan rápido como dos mil; no podemos resistir a un enemigo que tiene el doble o el triple de nuestra fuerza durante tanto tiempo como a uno de la misma fuerza; un combate de caballería se decide antes que uno de infantería, y un combate exclusivamente de infantería, más rápido que si hay también artillería(*); en las colinas y bosques no podemos avanzar tan rápido como en un terreno llano; todo esto es bastante claro.

De esto se deduce, por tanto, que la fuerza, la relación entre las tres armas y la posición deben ser consideradas si el combate ha de cumplir un objetivo mediante su duración; pero establecer esta regla revestía menor importancia para nosotros en nuestras presentes consideraciones que vincularla de inmediato con los principales resultados que la experiencia nos brinda sobre el asunto.

Aun la resistencia de una División ordinaria de 8000 a 10 000 hombres de todas las armas, incluso opuesta a un enemigo considerablemente superior en número, durará varias horas; si las ventajas del terreno no son demasiado predominantes, y si el enemigo es solo un poco, o nada en absoluto, superior en número, el combate durará medio día.

Un Cuerpo de tres o cuatro Divisiones lo prolongará al doble de tiempo; un Ejército de 80 000 o 100 000, a tres o cuatro veces.

Por tanto, se puede dejar a las masas a su propia suerte durante ese espacio de tiempo, y no se libra ningún combate separado si dentro de ese tiempo se pueden traer otras fuerzas cuya cooperación se funde entonces de inmediato, en un solo torrente, con los resultados del combate que ha tenido lugar.

Estos cálculos son el resultado de la experiencia; pero al mismo tiempo nos importa caracterizar más en particular el momento de la decisión, y por consiguiente la conclusión.

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