Los pantanos extensos y muy anchos, como el páramo de Bourtang en el norte de Alemania, son tan poco comunes que no vale la pena perder el tiempo en ellos; pero no debemos olvidar que ciertas tierras bajas y orillas cenagosas de pequeños ríos son más comunes y forman obstáculos de terreno muy considerables que pueden ser, y a menudo han sido, utilizados con fines defensivos.
Las medidas para su defensa son ciertamente muy parecidas a las de la defensa de los ríos, al mismo tiempo que hay algunas peculiaridades que deben señalarse especialmente.
La primera y principal es que un pantano, que excepto por la calzada es impracticable para la infantería, es mucho más difícil de cruzar que cualquier río; pues, en primer lugar, una calzada no se construye tan pronto como un puente; en segundo lugar, no hay medios a mano con los cuales las tropas para cubrir la construcción del dique o calzada puedan ser enviadas al otro lado.
Nadie comenzaría a construir un puente sin utilizar algunos de los botes para enviar al otro lado una vanguardia en primera instancia; pero en el caso de un cenagal no se puede emplear ninguna ayuda similar; la manera más fácil de hacer un cruce para la infantería sobre un cenagal es mediante tablones, pero cuando el cenagal tiene cierta anchura, este es un proceso mucho más tedioso que el cruce de los primeros botes en un río.
Si ahora, además, hay en medio del cenagal un río que no puede ser atravesado sin un puente, el cruce del primer destacamento de tropas se convierte en un asunto aún más difícil, pues aunque los pasajeros individuales puedan cruzar sobre tablas, el material pesado requerido para la construcción de puentes no puede ser transportado de ese modo. Esta dificultad en muchas ocasiones puede ser insuperable.
Una segunda peculiaridad de un pantano es que los medios empleados para cruzarlo no pueden eliminarse por completo como aquellos utilizados para pasar un río; los puentes pueden romperse o destruirse tan por completo que jamás vuelvan a ser utilizados; lo más que puede hacerse con los diques es cortarlos, lo cual no es gran cosa.
Si hay un río en el medio, por supuesto que el puente puede retirarse, pero con ello todo el paso no quedará destruido en el mismo grado que el de un gran río por la destrucción de un puente.
La consecuencia natural es que los diques existentes deben ser siempre ocupados con fuerza y defendidos enérgicamente si deseamos obtener alguna ventaja general del cenagal.
Por un lado, por consiguiente, nos vemos obligados a adoptar una defensa local y, por otro, dicha defensa se ve favorecida por la dificultad de cruzar por otras partes. De estas dos peculiaridades resulta que la defensa de un pantano debe ser más local y pasiva que la de un río.
De esto se deduce que debemos ser más fuertes en un grado relativo que en la defensa directa de un río, y por consiguiente que la línea de defensa no debe ser de gran extensión, especialmente en países cultivados, donde el número de pasos, incluso bajo las circunstancias más favorables para la defensa, sigue siendo muy grande.
A este respecto, por tanto, los pantanos son inferiores a los grandes ríos, y este es un punto de gran importancia, pues toda defensa local es ilusoria y peligrosa en extremo.
Pero si reflexionamos que tales pantanos y tierras bajas tienen por lo general una anchura con la que la de los ríos más grandes de Europa no admite comparación, y que en consecuencia un puesto apostado para la defensa de un paso nunca corre el peligro de verse abrumado por el fuego de la otra parte, que los efectos de su propio fuego sobre un dique largo y estrecho aumentan enormemente, y que el tiempo requerido para atravesar tal desfiladero, quizás de un cuarto o media milla de largo, es mucho mayor que el que bastaría para cruzar un puente ordinario: si consideramos todo esto, debemos admitir que tales tierras bajas y cenagales, si los medios de cruce no son demasiado numerosos, se cuentan entre las líneas de defensa más fuertes que pueden formarse.
Una defensa indirecta, como la que conocimos en el caso de los arroyos y ríos, en la que se aprovechan los obstáculos del terreno para plantear una gran batalla en circunstancias favorables, es por lo general igualmente aplicable a los cenagales.
El tercer método de defensa fluvial mediante una posición en la orilla del enemigo sería demasiado arriesgado debido a la naturaleza laboriosa del cruce.
Es sumamente peligroso aventurarse en la defensa de tales cenagales, prados blandos, pantanos, etc., que no son del todo intransitables más allá de los diques. Una sola línea de cruce descubierta por el enemigo es suficiente para romper toda la línea de defensa lo cual, en caso de una resistencia seria, siempre conlleva una gran pérdida para el defensor.