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XL. An Arresting Voice

sientan en un monte apartados, y desprecian la vida de sus semejantes. Conozco su vano discurso. Versa sobre lo que ha sido en los tiempos que ellos llenan con su propia sabiduría imaginaria, mientras desdeñan la obra de Dios en el presente. Y sin duda se te enseñó cómo hubo mujeres paganas que sintieron lo que era vivir por la República; sin embargo, nunca has sentido que tú, una mujer florentina, debas vivir por Florencia. Si tu propia gente lleva un yugo, ¿te escurrirás de debajo de él, en vez de luchar con ellos para aligerarlo? Hay hambre y miseria en nuestras calles, pero tú dices: «No me importa; tengo mis propias penas; me iré, si por ventura puedo aliviarlas». Los siervos de Dios luchan por una ley de justicia, paz y caridad, para que los cien mil ciudadanos entre quienes naciste sean gobernados con rectitud; mas tú no piensas en esto más que si fueras un pájaro, que puede desplegar sus alas y volar a donde le plazca en busca de alimento a su gusto. Y, sin embargo, has desdeñado la enseñanza de la Iglesia, hija mía. Como si tú, una errante obstinada, que sigue su propia ciega elección, no estuvieras por debajo de la más humilde mujer florentina que extiende sus manos con su propio pueblo y suplica una bendición para ellos; y siente una estrecha hermandad con el prójimo que se arrodilla a su lado y no es de su misma sangre; y piensa en el gran propósito que Dios tiene para Florencia; y espera y persevera porque la obra prometida es grande, y ella se siente pequeña.

—No me iba en busca de la comodidad y el hedonismo —dijo Romola, levantando de nuevo la cabeza, con un impulso de vindicarse—. Me iba hacia la adversidad. No espero ninguna alegría: ha desaparecido de mi vida.

—Buscas tu propia voluntad, hija mía. Buscas algún bien ajeno a la ley que estás obligada a obedecer. ¿Pero cómo has de encontrar el bien? No es cosa de elección: es un río que fluye desde el pie del Trono Invisible, y transita por el camino de la obediencia. Te lo digo de nuevo, el hombre no puede elegir sus deberes. Puedes elegir abandonar tus deberes, y elegir no tener la pesadumbre que conllevan.

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