¡Cuán evidente es la cortedad de miras de los cerebros puramente bestiales de los goyim! Se manifestó cuando tomaron dinero prestado a interés. A los goyim no se les ocurrió que, de todos modos, este dinero, con los intereses adicionales sobre él, tendría que ser tomado de los recursos del país y pagado a nosotros. ¿No habría sido más sencillo tomar el dinero necesario de su propio pueblo?
Esto prueba el genio de nuestra distinguida mente, pues pudimos presentarles la cuestión de los empréstitos bajo tal luz que vieron en los empréstitos una ventaja para sí mismos.
Nuestros cálculos, que presentaremos a su debido tiempo, se basarán en la experiencia de los siglos, en todos aquellos experimentos que nosotros realizamos a expensas de los gobiernos goyim; nuestros cálculos resultarán claros y precisos, y demostrarán de manera evidente la ventaja de nuestro nuevo sistema. Pondrán fin a todos aquellos abusos que nos permitieron dominar a los goyim, pero que no podrán ser permitidos en nuestro reinado.
Organizaremos de tal manera el sistema contable que ni el soberano mismo ni el más humilde empleado podrán desviar la más pequeña suma de su destino ni dirigirla hacia un canal diferente del indicado en nuestro plan financiero original.
Es imposible gobernar sin un plan determinado. Recorrer un camino determinado con una provisión indefinida destruye a héroes y caballeros.
Los gobernantes gentiles, a quienes una vez aconsejamos descuidar los deberes gubernamentales en favor de recepciones grandiosas, protocolo y placeres, no hicieron más que encubrir nuestro dominio. Las cuentas de los poderosos favoritos que reemplazaron al soberano fueron redactadas por nuestros agentes y siempre satisficieron a las mentes superficiales con promesas de que en el futuro habría ahorros y mejoras.