de toda Rusia, sobre quien la espada de Damocles de los bolcheviques cuelga siempre. Pero la espada sólo puede matar el cuerpo, y no el espíritu.*
“Ya en el pasado mes de febrero, el patriarca Tijón excomulgó a los bolcheviques, y la excomunión fue leída en las iglesias. Por entonces la persecución del clero ya había comenzado, pero el patriarca no había sido detenido.
Fue solo más tarde, en el otoño de 1918, durante el Terror universal, cuando fue puesto bajo arresto domiciliario en sus habitaciones del Kremlin, con una guardia de chinos, letones y soldados del Ejército Rojo, y privado de su racionamiento. Pero incluso como prisionero, el patriarca emitió declaraciones contra los bolcheviques, en las que los denunció con severidad.
“No basta, —escribe el Patriarca—, *con que hayáis manchado las manos del pueblo ruso con la sangre de sus hermanos. Habéis incitado al pueblo al robo abierto y descarado. Habéis nublado sus conciencias y ahogado su convicción de