multitudes derramarán con gusto la sangre de aquellos a quienes, en la simplicidad de su ignorancia, han envidiado desde la infancia y cuyas propiedades podrán entonces saquear.
- No harán daño a nuestra gente porque sabremos el momento del ataque y tomaremos medidas para protegerla.
Hemos persuadido a los demás de que el progreso conducirá a los goyim a un reino de la razón. Nuestro despotismo será de tal naturaleza que estará en condiciones de pacificar todas las revueltas mediante restricciones prudentes y de eliminar el liberalismo de todas las instituciones.
Cuando el pueblo vio que había obtenido concesiones y libertades en nombre de la libertad, se imaginó que era el amo y se lanzó al poder; pero como todo ciego, tropezó con innumerables obstáculos; corrió a buscar un líder, sin pensar en volver al antiguo, y depositó el poder a nuestros pies.
Recordad la Revolución francesa, a la que hemos llamado «grande»; los secretos de su preparación nos son bien conocidos, pues fue obra de nuestras manos.
Desde entonces hemos llevado a las masas de una desilusión a otra, para que renuncien incluso a nosotros en favor de un déspota soberano de sangre sionista, al que estamos preparando para el mundo.
En la actualidad, como fuerza internacional, somos invulnerables, porque si somos atacados por un Estado, somos respaldados por otros Estados. La bajeza ilimitada de los pueblos goyim, que se arrastran ante la fuerza, que son despiadados con la debilidad, implacables con las faltas y indulgentes con los crímenes, que no están dispuestos a tolerar las contradicciones de una estructura social libre; pacientes hasta el martirio al soportar la violencia de un despotismo audaz: esto es lo que ayuda a nuestra independencia.