¿Ahorros de qué? ¿De nuevos impuestos? Esto podría haberse preguntado, pero no lo preguntaron quienes leían nuestros informes y planes. Sabéis a qué les ha llevado su descuido, a qué desorganización financiera han llegado a pesar de la maravillosa diligencia de su pueblo.
# Protocolo Núm. XXI
Añadiré un detalle más respecto a los empréstitos internos, además del informe que presenté en la última reunión. No hablaré más de los empréstitos extranjeros, pues llenaron nuestras arcas con el dinero nacional de los goyim. No habrá extranjeros en nuestro gobierno, nadie de fuera.
Nosotros nos aprovechamos de la corrupción de los administradores y de la negligencia de los gobernantes para percibir sumas que se duplicaban, triplicaban y aun más, prestando a los gobiernos de los goyim dinero que en realidad los Estados no necesitaban en absoluto.
¿Quién podría hacer lo mismo con respecto a nosotros? Por lo tanto, solo expondré detalles relativos a los empréstitos internos.
Al anunciar un préstamo de este tipo, los gobiernos abren una suscripción de sus bonos. Para hacerlos accesibles a todos, varían la denominación desde cien hasta miles, y a los primeros suscriptores se les permite comprar por debajo del valor nominal.
Al día siguiente, el precio se eleva artificialmente con el pretexto de que todo el mundo se apresuró a comprar los bonos. En unos días más, se finge que el tesoro está lleno y que no se sabe qué hacer con el dinero, que ha sido sobresuscrito. (¿Para qué servía aceptarlo?)
La suscripción supera evidentemente por mucho la cantidad solicitada. En eso radica el efecto, pues así queda demostrado que el público confía en las obligaciones del gobierno.