titulado «La agonía de Rusia», se refiere al papel que desempeñaron los judíos en la zapa del gobierno de Kerenski y el establecimiento del dominio bolchevique:
“La subversión había sido llevada a cabo por un puñado de extremistas seudojudíos en el sóviet, pero el sóviet era cómplice de aquel asunto traicionero. La mayoría de los líderes —especialmente los seudojudíos— constituían una jauría truculenta, agazapada tras la soldadesca, empeñada en realizar sus «ideales» revolucionarios, pero aterrorizada ante la posibilidad del fracaso y de unas eventuales represalias”.
El autor también afirma:
“Después, sus números [refiriéndose a los judíos extremistas en los Sóviets] aumentaron considerablemente, y aunque ocultaban cuidadosamente su identidad bajo nombres falsos rusos o polacos, se supo que los principales eran: Nahamkez—Steklov, Apfelbaum—Zinóviev, Rosenfeldt—Kámenev, Goldmann—Gorev, Goldberg—Mekowski, Zederbaum—Mártov, Himmer—Sujánov, Krachman—Zagorski, Hollander—Mieshkowski, Lourier—Larim, Seffer—Bogdánov. Entre los líderes de esta banda —bajo Lenin— se encontraban: Trotzky, cuyo nombre real era Bronstein, y Feldmann, alias Chernov.”12
En el conocido periódico francés L’Illustration, publicado el 14 de septiembre de 1918, apareció un artículo bajo el título «Petrogrado bajo la Comuna», del cual reproducimos el siguiente extracto:
“Los amos de la hora.
“El movimiento bolchevique y los judíos de Rusia
«Cuando uno vive en contacto con los funcionarios que están sirviendo al gobierno bolchevique, un rasgo llama la atención, y es que casi todos ellos son judíos».