sembrar la discordia en el seno de todos los partidos, a desintegrar todas aquellas fuerzas colectivas que todavía no quieren subyugarse a nosotros; a desincentivar toda iniciativa individual que pudiera obstaculizar en algún grado nuestra labor.
No hay nada más peligroso que la iniciativa individual; si tiene un toque de genio, puede lograr más que un millón de personas entre las que hemos sembrado disensiones. Debemos dirigir la educación de las sociedades goyim para que sus brazos caigan sin esperanza cuando se enfrenten a cualquier tarea en la que se requiera iniciativa. La intensidad de la acción resultante de la libertad de acción individual disipa su fuerza cuando tropieza con la libertad de otra persona. De esto resultan duros golpes a la moral, desengaños y fracasos.
Cansaremos tanto a los goyim con todo esto que los obligaremos a ofrecernos un poder internacional que, por su posición, nos permita absorber convenientemente, sin destruirlas, todas las fuerzas gubernamentales del mundo y formar así un supergobierno.
En lugar de los gobernantes modernos, pondremos un monstruo que se llamará la Administración Supergubernamental. Sus manos se extenderán como pinzas en todas direcciones, de modo que esta organización colosal no podrá dejar de someter a todos los pueblos.
# Protocolo N.º VI
Pronto comenzaremos a establecer grandes monopolios, depósitos de inmensa riqueza, de los cuales dependerán incluso las grandes fortunas de los goyim hasta tal punto que quedarán sepultados, junto con los créditos gubernamentales, al día siguiente de la catástrofe política.
¡Ustedes, los economistas aquí presentes, tengan a bien sopesar cuidadosamente el significado de este plan!