# Protocolo N.º VIII
Debemos proveernos de las mismas armas que nuestros enemigos puedan emplear contra nosotros. Debemos buscar las expresiones y evasivas más sutiles del diccionario jurídico para justificar aquellos casos en los que nos veamos obligados a anunciar decisiones que puedan parecer innecesariamente audaces e injustas, pues es importante que estas decisiones se expresen en términos tan contundentes que aparezcan como las más altas normas morales de carácter legal.
Nuestro gobierno debe estar rodeado de todas las fuerzas de la civilización, en cuyo seno tendrá que funcionar. Se rodeará de publicistas, abogados experimentados, administradores, diplomáticos y, finalmente, de personas educadas en líneas especiales en nuestras escuelas superiores especiales.
Estas personas conocerán todos los secretos de la existencia social; conocerán todos los lenguajes compuestos de letras y palabras políticas; estarán familiarizados con el reverso de la naturaleza humana, con todas sus cuerdas sensibles, sobre las cuales deben saber tocar. Estas cuerdas son la estructura de los intelectos de los goyim, sus tendencias, sus debilidades, sus vicios y sus virtudes, las peculiaridades de las clases y castas.
Es evidente que los miembros de gran talento de nuestro gobierno, a los que me refiero, no serán reclutados de entre las filas de los goyim, acostumbrados a desempeñar sus deberes administrativos sin cuestionar su objetivo, y sin pensar por qué son necesarios. Los administradores goyim firman documentos sin leerlos y trabajan por lucro o por orgullo.
Rrodearemos a nuestro gobierno por todo un mundo de economistas. Es por esta razón que la economía es la principal ciencia que se enseña a los judíos. Estaremos rodeados por una multitud de banqueros,