Bajo nuestra dirección, el pueblo ha exterminado a la aristocracia, que era su protectora y defensora natural, ya que sus propios intereses están inseparablemente unidos al bienestar del pueblo. Ahora, sin embargo, con la destrucción de esta aristocracia, las masas han caído bajo el poder de los especuladores y advenedizos astutos, que se han instalado sobre los trabajadores como una carga despiadada.
Nos presentaremos con el disfraz de salvadores de los trabajadores frente a esta opresión cuando les sugiramos que se unan a nuestro ejército de socialistas, anarquistas, comunistas, a quienes siempre brindamos ayuda bajo la apariencia de la regla de la fraternidad exigida por la solidaridad humana de nuestra masonería social.
La aristocracia que se beneficiaba del trabajo del pueblo por derecho tenía interés en que los trabajadores estuvieran bien alimentados, sanos y fuertes.
Nosotros, por el contrario, nos interesamos por lo opuesto: en la degeneración de los goyim. Nuestro poder radica en la desnutrición crónica y en la debilidad del trabajador, porque a través de esto él cae bajo nuestro poder y es incapaz de hallar ni la fuerza ni la energía para combatirlo.
El hambre le confiere al capital un poder sobre el trabajador mayor que el que la autoridad legal del soberano jamás le dio a la aristocracia.
A través de la miseria y el odio celoso resultante, manipulamos a la turba y aplastamos a quienes se interponen en nuestro camino.
- Cuando llegue el momento de coronar a nuestro soberano universal, las mismas manos barrerán todo lo que pueda ser un obstáculo en nuestro camino.
Los Goyim ya no están acostumbrados a pensar sin nuestros consejos científicos. Por consiguiente, no ven la imperiosa necesidad de sostener