únicamente del tribunal, preparándolos sobre la base de informes escritos y documentos, y defendiendo a sus clientes después de que estos hayan sido examinados en el tribunal sobre la base de los hechos obtenidos durante el juicio. Recibirán un salario, independientemente de que la defensa haya tenido éxito o no. Actuarán como simples expositores del caso en nombre de la defensa como contrapeso al fiscal público, quien actuará como expositor en nombre de la fiscalía. Esto acortará el procedimiento judicial y establecerá una defensa honesta e imparcial, llevada a cabo no por afán de lucro personal, sino basada en la convicción personal del abogado. Esto también eliminará el soborno existente entre los colegas abogados y evitará que permitan ganar a la parte que paga.
Ya nos hemos ocupado de desacreditar al clero de los goyim y con ello de socavar su misión, que en la actualidad nos habría estorbado muchísimo. Su influencia sobre el pueblo disminuye día con día.
Hoy en día se ha proclamado la libertad de religión en todas partes; en consecuencia, no es más que cuestión de unos pocos años antes del colapso total de la Cristiandad.
Será aún más fácil tratar con otras religiones, pero es demasiado pronto para discutir este problema. Confinaremos el clericalismo y a los clérigos en un campo tan estrecho que su influencia tendrá un efecto opuesto al que solía tener.
Cuando llegue el momento de aniquilar por completo el Vaticano, una mano invisible, que señalará hacia esta corte, guiará a las masas en su asalto. Cuando, sin embargo, las masas ataquen, saldremos adelante como defensores para evitar un derramamiento de sangre excesivo. Mediante este método penetraremos en su mismísimo corazón y no lo abandonaremos hasta haber socavado su poder.