Debemos desarrollar, por todos los medios, la importancia de nuestro supergobierno presentándolo como el protector y galardonador de todos aquellos que se nos sometan voluntariamente.
- La aristocracia de los goyim como fuerza política está muerta. No necesitamos tenerla en consideración; pero como terratenientes nos son perjudiciales porque pueden ser independientes en sus medios de vida. Por esta razón debemos privarles de sus tierras a cualquier precio.
Para alcanzar este objetivo, el mejor método es aumentar los impuestos a la tierra: el endeudamiento de la tierra. Estas medidas mantendrán la propiedad de la tierra subyugada.
La aristocracia de los goyim, que por herencia es incapaz de conformarse con cosas pequeñas, pronto estará arruinada.
Al mismo tiempo es necesario patrocinar el comercio y la industria con energía y, lo que es más importante, fomentar la especulación, cuya función es actuar como contrapeso de la industria.
Sin la especulación, la industria aumentará el capital privado y tenderá al saneamiento de la propiedad territorial, librándola de las deudas creadas por los préstamos concedidos por los bancos agrícolas. Es necesario que la industria extraiga de la tierra tanto el trabajo como el capital y que, mediante la especulación, entregue en nuestras manos todo el dinero del mundo, arrojando así a todos los goim a las filas del proletariado. Entonces los goim se inclinarán ante nosotros para obtener el mero derecho a la existencia.
Para destruir la industria de los Goyim, crearemos entre ellos, como ayuda a la especulación, una fuerte demanda de lujo desmedido que ya hemos desarrollado.