El lugar predominante estará ocupado por publicaciones periódicas de carácter oficial. Estas velarán siempre por nuestros intereses y, en consecuencia, su influencia será comparativamente limitada.
En la segunda categoría colocaremos a los órganos semioficiales, cuya finalidad será atraer a los indiferentes y poco interesados.
La tercera categoría será nuestra oposición ostensible, que al menos en una de sus publicaciones representará la oposición a nosotros. Nuestros enemigos reales tomarán esta fingida oposición como perteneciente a su propio grupo y así nos mostrarán sus cartas.
Todos nuestros periódicos representarán diferentes tendencias, a saber, aristocrática, republicana, revolucionaria, e incluso anarquista, siempre que, por supuesto, dure la constitución. Como el dios hindú Visnú, estas publicaciones periódicas tendrán cien brazos, cada uno de los cuales tomará el pulso de todos los grupos de la opinión pública.
Cuando el pulso lata más deprisa, estos brazos guiarán la opinión hacia nuestros objetivos, ya que la persona excitada pierde el poder de razonamiento y se deja guiar fácilmente.
Aquellos tontos que crean que repiten las opiniones expresadas por los periódicos de su partido estarán repitiendo nuestras opiniones o aquellas que deseamos que tengan. Imaginando que siguen la prensa de su partido, seguirán la bandera que izaremos para ellos.
Para que nuestra milicia periodística pueda llevar a cabo nuestro programa, debemos organizar la prensa con gran cuidado. Bajo el título de Departamento Central de la prensa, organizaremos reuniones literarias en las que nuestros agentes darán de forma inadvertida las contraseñas y los santiamenes. * Al discutir y contradecir nuestra política, aunque siempre de forma superficial, sin tocar su esencia, nuestra prensa llevará