Los campesinos daban muerte a sus hijos antes que verlos morir de hambre. En un pueblo a orillas del Dvina, no lejos de Schlüsselburg, una madre ahorcó a tres de sus hijos” (página 57).
El Sr. Henry C. Emery, anteriormente presidente de la Junta de Aranceles de los Estados Unidos, escribió recientemente un tratado sobre el bolchevismo, del cual Lord Bryce ha dicho:
“Me parece la exposición más sensata y clara de la teoría y la práctica bolcheviques que he visto, y confirma mi opinión de que entre ellos y nosotros no puede haber paz”.
El señor Emery llega a la conclusión de que el bolchevismo es la promoción de una guerra de clases implacable y universal, y que «un bolchevique es un hombre que cree en el derrocamiento de la institución de la propiedad privada por la fuerza de las armas».
Si bien esta es la definición que da del bolchevismo como movimiento, y su argumento en apoyo de la misma es sin duda muy hábil, resulta interesante señalar lo que dice con respecto al apoyo judío al movimiento:
“En la mente de algunas personas, especialmente en Rusia, el bolchevismo adquiere el cariz de una revuelta de los judíos contra los rusos, que los habían tenido sojuzgados durante tanto tiempo. Lenin es por supuesto un ruso puro, y es un error decir que todos los demás líderes de importancia son judíos. Por otra parte, los judíos han estado activos en el movimiento en una proporción muy superior a su número relativo. Nadie que haya visitado el Instituto Smolni, cuando este era la sede del gobierno bolchevique en Petrograd, podía dejar de comprender lo fácil que era formarse la impresión de que los judíos se habían apoderado por fin del poder”.
El señor Robert Wilton, un conocido inglés que fue corresponsal en Petrogrado del Times de Londres y Caballero de San Jorge, en su libro