posteriormente que esto ayudó a nuestro triunfo, pues también nos dio, entre otras cosas, la oportunidad de tomar la carta de triunfo, la abolición de los privilegios; en otras palabras, la esencia misma de la aristocracia de los Goim, que era la única protección de los pueblos y los países contra nosotros.
Sobre las ruinas de la aristocracia natural y hereditaria hemos construido una aristocracia de nuestra clase intelectual: la aristocracia del dinero.
Hemos establecido esta nueva aristocracia sobre la cualificación de la riqueza, que depende de nosotros, y también sobre la ciencia, que es promovida por nuestros sabios.
Nuestro triunfo también se vio facilitado porque, a través de nuestras conexiones con personas que nos eran indispensables, siempre tocamos las fibras más sensibles de la mente humana, a saber, la codicia y los insaciables deseos egoístas del hombre.
Cada una de estas debilidades humanas, tomadas por separado, es capaz de matar la iniciativa y de poner la voluntad del pueblo a disposición del comprador de sus actividades.
La libertad abstracta ofreció la oportunidad de convencer a las masas de que el gobierno no es más que el administrador que representa al propietario del país, a saber, el pueblo, y de que este administrador puede ser descartado como un par de guantes gastados.
El hecho de que los representantes de la nación puedan ser destituidos, los entrega a nuestro poder y prácticamente coloca su nombramiento en nuestras manos.
# Protocolo núm. II
Es necesario para nosotros que las guerras, siempre que sea posible, no reporten ventajas territoriales; esto trasladará la guerra a una base