The misgivings of other delegates turned upon a matter which at first sight may appear so far removed from any of the pressing issues of the twentieth century as to seem wholly imaginary. They feared that a religious—some would call it racial—bias lay at the root of Mr. Wilson’s policy. It may seem amazing to some readers, but it is none the less a fact, that a considerable number of delegates believed that the real influences behind the Anglo-Saxon peoples were Semitic.
“Ellos confrontaron la propuesta del Presidente sobre el tema de la desigualdad religiosa y, en particular, el extraño motivo aducido para ella, con las medidas para la protección de las minorías que él impuso posteriormente a los estados más pequeños, y que tenían como nota fundamental satisfacer a los elementos judíos en la Europa oriental.
Y concluyeron que la secuencia de expedientes ideados y aplicados en esta dirección estuvo inspirada por los judíos, reunidos en París con el propósito de realizar su programa minuciosamente estudiado, que lograron que se ejecutara sustancialmente.
Por muy acertados o equivocados que hayan podido estar estos delegados, sería un error peligroso ignorar sus opiniones, dado que desde entonces se han convertido en uno de los elementos permanentes de la situación.
La fórmula en la que esta política fue plasmada por los miembros de la Conferencia, cuyos países se vieron afectados por ella y que la consideraban fatal para la paz de la Europa oriental, fue la siguiente:
«En adelante el mundo será gobernado por los pueblos anglosajones, que, a su vez, están dominados por sus elementos judíos»”.
(Páginas 496, 497.)