En el número 1 del periódico semanal ruso Camino a Moscú, publicado el 23 de septiembre de 1919 en Rostov del Don, apareció un artículo titulado «Ni una gota de sangre inocente». El artículo dice así:
“En el periódico ‘Communist’, editado el 12 de abril de 1919, núm. 72, periódico que se publicó en la ciudad de Járkov, calle Karl Liebnecht 13, teléfono núm. 8-40, el señor M. Cohan, en su artículo ‘Servicios de los judíos a la clase trabajadora’, escribió lo siguiente:
“«Varias clases de organizaciones regimentales reaccionarias y radas están elaborando “leyes” agrarias, están regalando la tierra a los obreros, están estableciendo una jornada de ocho horas y arrojando otras migajas a las masas trabajadoras con el único objetivo de permanecer en el poder.
Pero desenmascarémoslas y veamos qué hay detrás de esta máscara servil. Analicemos, por ejemplo, su actitud hacia los judíos.
En todo el territorio ocupado por las bandas del Don, del Kubán y de los Voluntarios, los judíos están siendo aniquilados y oprimidos. Es imposible encontrar a un solo judío que ocupe un cargo, ya sea importante o sin importancia, y a esto lo llaman “igualdad y fraternidad”.
Los verdugos Voluntarios gritan sobre su humanitarismo y al mismo tiempo oprimen a toda una nación que siempre contó con la estima del mundo entero. No debe olvidarse que el pueblo judío, oprimido durante siglos por reyes y zares, es el verdadero proletariado, la verdadera internacional, que no tiene patria.
“«Sin exageración, puede decirse que la gran revolución social rusa fue en verdad llevada a cabo por las manos de los judíos. ¿Habrían sido capaces las oscuras y oprimidas masas de obreros y campesinos rusos de sacudirse el yugo de la burguesía por sí mismas? No, fueron precisamente los judíos quienes condujeron al proletariado ruso hacia el alba de la