En el primer Protocolo se afirma que el orador se compromete a formular «nuestro sistema tanto desde nuestro punto de vista como desde el de los goyim».
La palabra «goyim» o «goyes» es una antigua palabra hebrea que designa a los gentiles, es decir, a las personas que no son judíos. Todos los Protocolos siguientes, ya sean o no declaraciones de la misma persona que habla en el primer Protocolo, son una continuación del mismo tema general.
Tomados en su conjunto, los documentos pretenden claramente formular un plan estratégico para la acción conjunta de los judíos como nación, o pueblo, con el fin de obtener ciertos objetivos. Estos objetivos no son nada menos que la dominación política y religiosa total del mundo. Los medios por los cuales se ha de lograr esta dominación universal se exponen con gran claridad y considerable detalle.
El documento en su conjunto tiene un carácter de lo más extraordinario, y aunque a algunos lectores pueda parecerles fanático o visionario, a otros les impresionará más su profunda agudeza, la fría lógica del razonamiento y el orden general de la exposición y el argumento, lo cual indica que la obra, sea cual fuere el motivo subyacente, es el resultado de una reflexión cuidadosa y una madura deliberación.
El plan estratégico de acción es maquiavélico y despiadado al extremo, y se basa expresamente en las proposiciones de que «la fuerza hace el derecho» y de que «la política no tiene nada en común con la moral».
También se afirma explícitamente que el fin que se persigue es «subyugar todo gobierno a nuestro supergobierno», y el supergobierno judío ha de ser una autocracia con un soberano judío a la cabeza.
Brevemente resumidos, los medios por los cuales se ha de lograr esta dominación mundial son los siguientes: