concierto!», ante lo cual el desgraciado Sombrerero tembló de tal manera, que se quitó los dos zapatos de un sacudón.
—Da tu testimonio —repitió el Rey enfadado—, o mandaré que te ejecuten, estés nervioso o no.
—Soy un hombre pobre, Majestad —empezó a decir el Sombrerero con voz temblorosa—, y no había empezado a tomar el té... no hacía más de una semana más o menos... y con esto de que la mantequilla y el pan se van poniendo tan finos... y el parpadeo del té...
—¿El titilar de qué? —dijo el Rey.
—Todo empezó con el té —respondió el Sombrerero.
—¡Por supuesto que titilar empieza con T! —dijo el Rey con brusquedad—. ¿Me tomas por un tonto? ¡Continúa!
—Soy un hombre pobre —siguió diciendo el Sombrerero—, y la mayoría de las cosas centellearon después de eso—solo que la Liebre de Marzo dijo—
—¡Yo no lo hice! —interrumpió la Liebre de Marzo a toda prisa.
—¡Lo hiciste! —dijo el Sombrerero.
—¡Lo niego! —dijo la Liebre de Marzo.
—Él lo niega —dijo el Rey—: supriman esa parte.
—Bueno, al menos, la Lirón dijo... —continuó el Sombrerero, mirando a su alrededor con ansiedad para ver si este también lo negaba; pero la Lirón no negó nada, ya que estaba profundamente dormida.
—Después de eso —continuó el Sombrerero—, corté un poco más de pan con mantequilla...