con un ladrido de alegría, se precipitó hacia el palo y amagó con zarandearlo; entonces Alicia se escurrió detrás de un gran cardo para evitar que la atropellaran; y en el momento en que reapareció por el otro lado, el perrito se lanzó otra vez hacia el palo y dio una voltereta de cabeza en su prisa por agarrarlo; entonces Alicia, pensando que era muy parecido a jugar con un caballo de carretola y esperando ser aplastada bajo sus patas en cualquier momento, volvió a dar la vuelta alrededor del cardo; luego el perrito comenzó una serie de breves embestidas contra el palo, corriendo muy poco trecho hacia adelante cada vez y mucho hacia atrás, y ladrando roncamente todo el tiempo, hasta que al fin se sentó bastante lejos, jadeando, con la lengua colgándole de la boca y los grandes ojos medio cerrados.
Esto le pareció a Alicia una buena oportunidad para escapar; así que se puso en marcha al instante, y corrió hasta que estuvo muy cansada y sin aliento, y hasta que los ladridos del cachorro se oyeron muy tenues en la distancia.
—¡Y, sin embargo, qué perrito tan simpático era!