dices que las cosas son "de la misma muchísima cosa"... ¿has visto jamás una cosa así como el dibujo de una muchísima cosa?».
—De verdad, ahora que me lo preguntas —dijo Alicia, muy confusa—, creo que no...
—Entonces no hables —dijo el Sombrerero.
Esta grosería fue más de lo que Alicia pudo soportar: se levantó muy disgustada y se fue; el Lirón se quedó dormido al instante, y ninguno de los otros dos prestó la menor atención a su partida, aunque ella miró hacia atrás una o dos veces, con la esperanza de que la llamaran: la última vez que los vio, estaban tratando de meter al Lirón dentro de la tetera.
—¡En cualquier caso, no volveré jamás por allí! —dijo Alicia mientras se abría paso con cuidado por el bosque—. ¡Es la fiesta de té más estúpida en la que he estado en toda mi vida!
Apenas dijo esto, advirtió que uno de los árboles tenía una puerta que llevaba directamente a su interior. «¡Qué cosa más curiosa! —pensó—. Pero hoy todo es curioso. Creo que bien puedo entrar de una vez». Y entró nomás.
Una vez más se encontró en el largo pasillo, cerca de la mesita de cristal. «Esta vez me apañaré mejor», se dijo, y empezó por coger la llavecita de oro y abrir la puerta que llevaba al jardín. Luego se puso a mordisquear el hongo (se había guardado un trozo en el bolsillo) hasta que midió como un pie de altura; después caminó por el pasadizo y, por fin, se vio en el hermoso jardín, entre los arriates de alegres flores y las frescas fuentes.