Codal
nydus/Through the Looking-GlassPublic
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VIII. «Es un invento mío»

—Ah, ese es el nombre de la canción, ¿verdad? —dijo Alicia, intentando mostrarse interesada.

—No, no lo entiende —dijo el Caballero, con un aire un poco contrariado—. Así es como se llama el nombre. El nombre en realidad es «El Anciano Anciano Hombre».

—Entonces, ¿debería haber dicho «Así se llama la canción»? —se corrigió Alicia.

—¡No, no debes: eso es muy diferente! La canción se llama «Medios y maneras», pero ¡eso es solo cómo se llama, ya sabes!

—Bueno, ¿y cuál es la canción, entonces? —dijo Alicia, que para entonces estaba completamente desconcertada.

—A eso iba —dijo el Caballero—. En realidad, la canción se titula «Sentado en una tranquera», y la música es invención mía.

Diciendo esto, detuvo su caballo y dejó caer las riendas sobre el cuello; luego, marcando el compás lentamente con una mano y con una leve sonrisa iluminando su rostro tonto y apacible, como si disfrutara de la música de su canción, comenzó.

De todas las extrañas cosas que Alicia vio en su viaje A través del espejo, esta fue la que siempre recordó con mayor claridad. Años después podía rememorar toda la escena de nuevo, como si hubiera sido ayer mismo: los apacibles ojos azules y la amable sonrisa del Caballero; el sol poniente brillando a través de su cabello y refulgiendo en su armadura en un destello de luz que casi la cegaba; el caballo moviéndose tranquilamente, con las riendas sueltas sobre el cuello, pastando a sus pies; y las negras sombras del bosque al fondo. Todo esto lo abarcó de un vistazo, como en un cuadro, mientras, con una mano haciéndose sombra en los ojos, se apoyaba contra un árbol, observando a la extraña pareja y escuchando, en un somnoliento ensueño, la melodiosa tristeza de la canción.

—Pero la tonada no es invención suya —se dijo—: es «Te doy todo lo que puedo, no hay más».

Se quedó de pie y escuchó muy atentamente, pero no se le saltaron las lágrimas.

“Te diré cuanto pueda hablar; hay poco que contar. Vi a un anciano, anciano, anciano, sentado en un portal. ‘¿Quién eres, viejo?’, le hablé, ‘¿cómo te ganas el pan?’. Y su respuesta se filtró como agua en un colador. Dijo: ‘Busco mariposas que duermen en el trigal: con ellas hago empanadas y las vendo por la paz. Se las vendo a los marinos’ —dijo— ‘que cruzan alta mar; así es como gano el sustento, una bicoca, si te place más’.

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