Codal
nydus/Through the Looking-GlassPublic
Página 88 de 96
Table of Contents

IX. La Reina Alicia

«Treinta por tres son noventa. Me pregunto si alguien estará contando». En un minuto volvió a hacerse el silencio, y la misma voz estridente cantó otra

«—¡Criaturas del Espejo —dijo Alicia—, acercaos! Es un honor verme, un favor escucharme: ¡Es un gran privilegio cenar y tomar el té Junto a la Reina Roja, la Reina Blanca y a mí!»

Entonces vino el coro de nuevo:

“Luego llenad los vasos con melaza y tinta, o cualquier otra cosa que sea grata de beber: mezclad arena con la sidra, y lana con el vino— ¡Y dad la bienvenida a la Reina Alicia con noventa veces nueve!”

“¡Noventa veces nueve!”, repitió Alicia desesperada. “¡Ay, eso nunca se va a acabar! Más vale que entre de inmediato…” y se hizo un silencio sepulcral en el momento en que apareció.

Alicia miró nerviosa a lo largo de la mesa mientras avanzaba por el gran salón, y advirtió que había unos cincuenta invitados de toda clase: algunos eran animales, otros pájaros, y entre ellos había incluso unas pocas flores.

—Me alegra que hayan venido sin esperar a que los inviten —pensó—; ¡jamás habría sabido a quiénes correspondía invitar!

Había tres sillas en la cabecera de la mesa; la Reina Roja y la Blanca ya habían ocupado dos de ellas, pero la del medio estaba vacía. Alicia se sentó en ella, bastante incómoda en medio del silencio y deseando que alguien hablara.

Por fin empezó la Reina Roja.

—Te has perdido la sopa y el pescado —dijo—. ¡Sirvan el asado!

Y los camareros pusieron una pierna de cordero delante de Alicia, quien la miró con bastante inquietud, ya que nunca antes había tenido que trinchar un asado.

—Pareces un poco tímida; déjame presentarte esa pierna de cordero —dijo la Reina Roja—. Alicia⁠—Cordero; Cordero⁠—Alicia.

La pierna de cordero se levantó en la fuente y le hizo una pequeña reverencia a Alicia; y Alicia devolvió la reverencia, sin saber si estar asustada o divertida.

88