enemigos. Si se retiran de día, lo hacen en tal orden que no es menos peligroso atacarlos en la retirada que en la marcha. Fortifican sus campamentos con una fosa profunda y ancha; y amontonan la tierra excavada de ella para formar un muro; ni emplean solo a sus esclavos en esto, sino que todo el ejército trabaja en ello, excepto los que están entonces de guardia; de modo que, cuando tantas manos trabajan, una gran línea y una fuerte fortificación se terminan en tan poco tiempo que apenas es creíble. Su armadura es muy fuerte para la defensa, y sin embargo no es tan pesada como para hacerles incómodas las marchas; incluso pueden nadar con ella. Todos los que se entrenan para la guerra practican la natación. Tanto la caballería como la infantería hacen gran uso de flechas, y son muy expertas. No tienen espadas, sino que luchan con un hacha de asta que es a la vez afilada y pesada, con la cual empujan o derriban a un enemigo. Son muy buenos para inventar máquinas de guerra, y las disimulan tan bien que el enemigo no las percibe hasta que siente su utilidad; de modo que no puede preparar una defensa que las vuelva inútiles; la principal consideración que se tiene al fabricarlas es que puedan ser fácilmente transportadas y manejadas.
«Si aceptan una tregua, la observan con tanta religiosidad que ninguna provocación les hace romperla. Jamás devastan el país de sus enemigos ni queman sus cosechas, y aun en sus marchas ponen todo el cuidado posible para que ni la caballería ni la infantería las pisoteen, pues no saben si habrán de necesitar de ellas. No hacen daño a ningún hombre que encuentren desarmado, a menos que sea un espía.
Cuando una ciudad se les rinde, la toman bajo su protección; y cuando toman una plaza por asalto, jamás la saquean, sino que pasan a cuchillo únicamente a los que se oponen a su entrega y reducen a esclavitud al resto de la guarnición, pero a los demás habitantes no les hacen ningún daño; y si alguno de ellos hubiera aconsejado la rendición, les dan buenas recompensas con los bienes de aquellos a quienes condenan, y distribuyen el resto entre sus tropas auxiliares, pero ellos mismos no toman parte alguna del botín».