“La agricultura es una actividad tan universalmente comprendida entre ellos que ninguna persona, ni hombre ni mujer, la ignora; se les instruye en ella desde su infancia, en parte por lo que aprenden en la escuela y en parte por la práctica, ya que se les lleva a menudo a los campos cercanos a la ciudad, donde no solo ven trabajar a los demás, sino que también se ejercitan ellos mismos en ella.
Además de la agricultura, que les es tan común a todos, cada hombre tiene algún oficio peculiar al que se dedica; como la manufactura de lana o lino, la albañilería, la herrería o la carpintería; pues no hay clase de oficio que no esté en gran estima entre ellos.
Por toda la isla llevan la misma clase de ropa, sin ninguna otra distinción excepto la necesaria para diferenciar ambos sexos y a los casados de los solteros.
La moda nunca cambia y, como no es desagradable ni incómoda, se adapta al clima y está diseñada tanto para los veranos como para los inviernos.
Cada familia se hace su propia ropa; pero todos entre ellos, mujeres al igual que hombres, aprenden uno u otro de los oficios mencionados anteriormente. Las mujeres, en su mayor parte, se ocupan de la lana y el lino, que se adaptan mejor a su debilidad, dejando los oficios más rudos a los hombres.
El mismo oficio pasa por lo general de padres a hijos, y las inclinaciones suelen seguir la línea de descendencia; mas si el ingenio de alguien se inclina por otro camino, es adoptado y trasladado a una familia que comercia en el oficio al que tiene inclinación; y cuando esto ha de