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Discursos de Rafael Hitlodeo, sobre el mejor estado de una república

solo algunas eran de cuero; * pero, después, encontraron barcos hechos con quillas redondas y velas de lona, y en todo semejantes a los nuestros, y los marinos entendían tanto de astronomía como de navegación. Se ganó maravillosamente su favor al enseñarles el uso de la aguja, de la cual hasta entonces eran totalmente ignorantes. Antes navegaban con gran cautela, y solo en verano; pero ahora consideran todas las estaciones iguales, confiando por entero en la piedra imán, en la cual están, tal vez, más seguros que a salvo; de modo que hay razón para temer que este descubrimiento, que se pensó resultaría tan ventajoso para ellos, pueda, por su imprudencia, convertirse en motivo de

Mas sería demasiado largo detenernos en todo lo que nos contó que había observado en cada lugar, sería una digresión excesiva de nuestro propósito actual: todo lo que sea necesario contar acerca de aquellas sabias y prudentes instituciones que observó entre las naciones civilizadas, tal vez lo relatemos en una ocasión más oportuna.

Le hicimos muchas preguntas sobre todas estas cosas, a las que respondió muy de buena gana; no hicimos indagaciones acerca de monstruos, de los cuales no hay nada más común; pues en todas partes se puede oír hablar de perros y lobos devoradores, y de crueles antropófagos, pero no es tan fácil hallar Estados que estén bien y sabiamente gobernados.

Como nos habló de muchas cosas que andaban mal en aquellas tierras nuevamente descubiertas, enumeró asimismo no pocas de las cuales se podrían tomar modelos para corregir los errores de estas naciones entre las cuales vivimos; de lo cual se podrá dar cuenta, como ya lo tengo prometido, en otra ocasión; pues, por el momento, tengo intención tan solo de relatar aquellos pormenores que nos contó sobre las costumbres y las leyes de los utopianos: mas comenzaré por la ocasión que nos condujo a hablar de esa república.

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