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Discursos de Rafael Hitlodeo, sobre el mejor estado de una república

a mentir, si un filósofo puede hacerlo o no, no lo sé; lo que es seguro es que yo no puedo hacerlo. Pero, aunque estos discursos puedan resultarles molestos e ingratos, no veo por qué deban parecerles necios o extravagantes; en verdad, si yo propusiera cosas como las que Platón ideó en su ‘República’, o como los utopianos practican en la suya, aunque pudieran parecer mejores, como sin duda lo son, son tan diferentes de nuestro ordenamiento, que se fundamenta en la propiedad (al no existir tal cosa entre ellos), que no podría esperar que tuvieran efecto alguno en ellos. Pero discursos como los míos, que solo traen a la memoria males pasados y advierten de lo que puede sobrevenir, no contienen nada tan absurdo que no pueda emplearse en cualquier momento, pues solo pueden ser desagradables para aquellos que están resueltos a correr precipitadamente en dirección contraria; y si hemos de prescindir de todo lo que, por la vida licenciosa de muchos, parezca extravagante o extraño, tendríamos, aun entre cristianos, que dejar de apremiar la mayor parte de aquellas cosas que Cristo nos enseñó, si bien Él nos mandó que no las ocultáramos, sino que pregonáramos desde las azoteas lo que enseñó en secreto. La mayor parte de Sus preceptos son más contrarios a las vidas de los hombres de esta época que cualquier parte de mi discurso, pero los predicadores parecen haber aprendido ese arte que tú me aconsejas: pues ellos, observando que el mundo no acomodaría de buen grado su vida a las reglas que Cristo ha dado, han adaptado Su doctrina, como si de una regla de plomo se tratara, a sus vidas, para que de algún modo u otro puedan coincidir entre sí. Pero no veo otro efecto de este conformismo salvo que los hombres se sientan más seguros en su maldad gracias a él; y este es todo el éxito que puedo alcanzar en una corte, pues debo diferir siempre del resto, y entonces no serviré para nada; o, si estoy de acuerdo con ellos, no haré sino avivar su locura. No comprendo qué quieres decir con eso de ‘ingeniártelas’ o de ‘doblar y manejar las cosas con tanta destreza que, si no van bien, vayan lo menos mal posible’; pues en las cortes no tolerarán que un hombre guarde silencio o sea cómplice de lo que hacen los demás: uno debe aprobar descaradamente los peores consejos

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