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Discursos de Rafael Hitlodeo, sobre el mejor estado de una república

Y parece muy poco razonable que, por la perspectiva de una guerra —que no tenéis por qué tener sino cuando os plazca—, mantengáis a tantos hombres ociosos que siempre os perturbarán en tiempos de paz, la cual debe ser siempre más considerada que la guerra. Pero no creo que esta necesidad de robar provenga solo de ahí; hay otra causa de ello, más propia de Inglaterra.

—¿Qué es eso? —dijo el Cardenal:

—El aumento de los pastos —dije—, por el cual vuestras ovejas, que son de natural mansedumbre y fáciles de mantener bajo control, se diría ahora que devoran a los hombres y despueblan no solo las aldeas, sino también las ciudades; pues dondequiera que se descubre que la lana de las ovejas de cualquier suelo rinde más suave y rica que de costumbre, allí los nobles y los hidalgos, ¡y hasta esos hombres santos, los abades!, no contentos con las rentas antiguas que rendían sus granjas, ni considerando suficiente que ellos, viviendo a sus anchas, no aportan ningún bien al público, se empeñan en causarle perjuicio en lugar de beneficio. Interrumpen el curso de la agricultura, destruyen casas y pueblos, reservando solo las iglesias, y cercan terrenos para aposentar en ellos a sus ovejas. Como si los bosques y los parques hubieran tragado muy poca tierra, esos dignos paisanos convierten los lugares mejor habitados en soledades; pues cuando un desalmado insaciable, que es una plaga para su patria, decide cercar muchos millares de acres de terreno, los propietarios, al igual que los arrendatarios, son despojados de sus posesiones mediante artimañas o por la fuerza, o bien, hastiados por los malos tratos, se ven obligados a venderlas; por lo cual esas gentes miserables, hombres y mujeres, casados y solteros, ancianos y jóvenes, con sus pobres pero numerosas familias (puesto que las labores del campo requieren muchos brazos), se ven obligados a abandonar sus hogares sin saber adónde ir; y tienen que malvender sus enseres domésticos, que no les reportarían mucho dinero aunque pudieran aguardar a un comprador.

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