es hecho por sus esclavos; porque no permiten que ninguno de sus ciudadanos mate a su ganado, pues piensan que la piedad y la bondad, que se cuentan entre los mejores afectos con que nacemos, se deterioran mucho con el sacrificio de animales; ni permiten que nada inmundo o sucio sea llevado dentro de sus ciudades, no sea que el aire se infecte con malos olores, lo cual podría perjudicar su salud. En cada calle hay grandes salas, situadas a igual distancia unas de otras, distinguidas por nombres particulares. Los Sifograntes habitan en aquellas que están asignadas a treinta familias, quince de las cuales viven a un lado y otras tantas al otro. En estas salas se reúnen todos y toman sus comidas; los mayordomos de cada una de ellas acuden a la plaza de mercado a una hora señalada, y según el número de los que pertenecen a la sala, llevan provisiones a sus casas. Pero cuidan de sus enfermos más que de cualquier otro; estos se alojan y son atendidos en hospitales públicos. Tienen pertenecientes a cada ciudad cuatro hospitales, que están construidos fuera de sus murallas y son tan grandes que pueden pasar por pequeñas ciudades; de este modo, por gran número de enfermos que tengan, pueden alojarlos convenientemente, y a tal distancia que aquellos que están enfermos de enfermedades contagiosas pueden mantenerse tan lejos del resto que no haya peligro de contagio. Los hospitales están amueblados y provistos de todo lo necesario para el descanso y la recuperación de los enfermos; y a los que son ingresados en ellos se les atiende con un cuidado tan tierno y vigilante, y son asistidos tan constantemente por sus hábiles médicos, que así como a ninguno se le envía contra su voluntad, apenas hay uno en toda la ciudad que, si cayera enfermo, no prefiriera ir allí antes que yacer enfermo en casa.
“After the steward of the hospitals has taken for the sick whatsoever the physician prescribes, then the best things that are left in the market are distributed equally among the halls in proportion to their numbers; only, in the first place, they serve the Prince, the Chief Priest, the Tranibors, the Ambassadors, and strangers, if there are any, which, indeed, falls out but seldom, and for whom there are houses, well furnished, particularly