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nydus/Peter and WendyPublic
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VIII. La laguna de las sirenas

Encontraron el bote y regresaron en él, gritando «Peter, Wendy» a medida que avanzaban, pero no llegó más respuesta que la risa burlona de las sirenas. «Deben estar regresando nadando o volando», concluyeron los muchachos. No estaban muy preocupados, tenían tanta fe en Peter. Se reían entre dientes, a la manera de los muchachos, porque llegarían tarde a la hora de dormir; ¡y todo por culpa de la madre Wendy!

Cuando sus voces se apagaron, un frío silencio se adueñó de la laguna, y luego un débil grito.

“¡Socorro, socorro!”

Dos pequeñas figuras golpeaban contra la roca; la niña se había desmayado y yacía sobre el brazo del muchacho.

Con un último esfuerzo, Peter la subió a la roca y luego se tendió a su lado. Aun cuando él también perdió el sentido, vio que el agua seguía subiendo. Sabía que pronto se ahogarían, pero ya no podía hacer más.

Mientras yacían el uno al lado del otro, una sirena agarró a Wendy por los pies y comenzó a tirar de ella suavemente hacia el agua. Peter, al sentir que se le escapaba, se despertó con un sobresaltó y llegó justo a tiempo para retirarla. Pero tuvo que decirle la verdad.

“Estamos sobre la roca, Wendy —dijo—, pero cada vez es más pequeña. Pronto el agua la cubrirá”.

Aún no comprendía.

—Debemos irnos —dijo, casi con alegría.

—Sí —respondió débilmente.

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