fuerza, pero todo lo que necesitamos susurrar es que vienen en camino. Hagámoslo.
Es una pena que lo hayamos hecho, pues ella se ha incorporado, llamando a gritos sus nombres; y no hay nadie en la habitación salvo Nana.
“Oh, Nana, soñé que mis seres queridos habían vuelto”.
Nana tenía los ojos nublados, pero lo único que podía hacer era apoyar suavemente la pata en el regazo de su ama; y estaban sentadas así juntas cuando trajeron de vuelta la caseta. Al asomar el Sr. Darling la cabeza por ella para besar a su esposa, vemos que su rostro está más ajado que antaño, pero tiene una expresión más dulce.
Le dio su sombrero a Liza, quien lo tomó con desdén; pues carecía de imaginación y era totalmente incapaz de comprender los motivos de un hombre así.
Afuera, la multitud que había acompañado al coche de caballos hasta la casa seguía vitoreando, y él, como era natural, no dejó de conmoverse.