broma buenísima. ¡Voy a echar mi medicina en el tazón de Nana y ella se la tomará pensando que es
Era del color de la leche; pero los niños no tenían el sentido del humor de su padre, y lo miraron con reproche mientras él vertía la medicina en el cuenco de Nana.
—Qué divertido —dijo él con dudas, y ellos no se atrevieron a delatarlo cuando la señora Darling y Nana regresaron.
—Nana, buena perra —dijo, acariciándola—, he puesto un poco de leche en tu plato, Nana.
Nana meneó la cola, corrió hacia la medicina y comenzó a lamérsela. Luego le dirigió al señor Darling una mirada, no una mirada de enfado: le mostró el gran lagrimón rojo que nos hace compadecer tanto a los perros nobles, y se metió a gatas en