“Enganchame o búscame esta vez”
Cosas extrañas nos ocurren a todos en el camino de la vida sin que por un tiempo advirtamos que han ocurrido.
Así, por tomar un ejemplo, descubrimos de repente que hemos estado sordos de un oído durante no sabemos cuánto tiempo, pongamos que media hora.
Pues bien, esa experiencia le había llegado a Peter aquella noche. La última vez que lo vimos iba cruzando sigilosamente la isla con un dedo en los labios y el puñal listo. Había visto pasar al cocodrilo sin notar nada extraño en él, pero al poco rato recordó que no había estado haciendo tic-tac. Al principio pensó que aquello era siniestro, pero pronto dedujo con acierto que se le había acabado la cuerda al reloj.
Sin pararse a pensar en cuáles debían de ser los sentimientos de una criatura semejante, así privada de repente de su compañero más cercano, Peter pensó al instante en cómo podía sacar provecho de la catástrofe; y decidió hacer tic-tac, para que las fieras creyesen que era el cocodrilo y le dejaran pasar sin molestarle.
Hacía el tic-tac magníficamente, pero con un resultado imprevisto. El cocodrilo fue uno de los que oyeron el sonido, y lo siguió, aunque si con el propósito de recuperar lo que había perdido, o simplemente como amigo bajo la creencia de que se estaba haciendo el tic-tac a sí mismo, nunca se sabría con certeza, pues, como todos los esclavos de una idea fija, era una bestia estúpida.