La isla hecha realidad
Sintiendo que Peter iba de regreso, el Nunca Jamás había vuelto a cobrar vida. Deberíamos usar el pluscuamperfecto y decir había cobrado vida, pero cobró es mejor y era el que siempre usaba Peter.
En su ausencia, las cosas suelen estar tranquilas en la isla. Las hadas se toman una hora más por la mañana, las bestias atienden a sus crías, los pieles rojas comen abundantemente durante seis días y noches, y cuando los piratas y los niños perdidos se encuentran, simplemente se muerden el pulgar los unos a los otros.
Pero con la llegada de Peter, que aborrece el letargo, todos se ponen en marcha de nuevo: si ahora pegaras el oído al suelo, oirías toda la isla bullendo de vida.
En esta noche las fuerzas principales de la isla estaban dispuestas de la siguiente manera:
- Los niños perdidos andaban buscando a Peter,
- los piratas andaban buscando a los niños perdidos,
- los pieles rojas andaban buscando a los piratas,
- y las fieras andaban buscando a los pieles rojas.
Iban dando vueltas y vueltas alrededor de la isla, pero no se encontraban porque todos marchaban a la misma velocidad.
Todos querían sangre, excepto los muchachos, a quienes por regla general les gustaba, pero esa noche habían salido a recibir a su capitán.