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nydus/Peter and WendyPublic
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XI. La historia de Wendy

Atribuyéndole un sentimiento más noble, Wendy se conmovió.

“Queridos —dijo ella—, si todos me acompañan, estoy casi segura de que podré lograr que mi papá y mi mamá los adopten”.

La invitación era especialmente para Peter; pero cada uno de los muchachos pensaba exclusivamente en sí mismo, y al instante saltaron de alegría.

—¿Pero no creerán que somos un poco difíciles de manejar? —preguntó Nibs en mitad de su salto.

—Oh, no —dijo Wendy, sopesándolo rápidamente—, solo significará poner unas pocas camas en la sala; se pueden esconder detrás de los biombos los primeros jueves.

—¡Peter, nos vamos! —gritaron todos suplicantes. Daban por sentado que si ellos iban, él iría también, pero en realidad casi ni les importaba. Así son siempre los niños, dispuestos a abandonar a sus seres más queridos en cuanto llama la novedad.

—Está bien —respondió Peter con una sonrisa amarga—; y enseguida se apresuraron a recoger sus cosas.

—Y ahora, Peter —dijo Wendy, creyendo que lo había arreglado todo—, voy a darte la medicina antes de que te vayas.

Le encantaba darles medicina y, sin duda, les daba demasiada. Por supuesto, no era más que agua, pero venía de una calabaza, y ella siempre agitaba la calabaza y contaba las gotas, lo cual le otorgaba cierta cualidad medicinal.

En esta ocasión, sin embargo, no le dio a Peter su trago, porque justo cuando lo había preparado, vio una expresión en su rostro que le encogió el corazón.

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