En realidad no son muy amigables con Peter, quien tiene la costumbre traviesa de acercarse sigilosamente por detrás e intentar apagarlas de un soplo; pero les gusta tanto la diversión que esta noche estaban de su parte y deseaban que los adultos se quitaran de en medio. Así que, tan pronto como la puerta del 27 se cerró tras el señor y la señora Darling, hubo un revuelo en el firmamento y la más pequeña de todas las estrellas de la Vía Láctea exclamó a gritos:
“¡Ahora, Peter!”