Como está escrito: «Al que venciere, daré a comer del árbol de la vida».
Se concede el consuelo divino para que el hombre sea más fuerte para soportar las adversidades. Y la tentación le sigue, no sea que se enaltezca a causa del beneficio.
El diablo no duerme; tu carne aún no está muerta; por tanto, no ceses de prepararte para el combate, pues los enemigos están a tu mano derecha y a tu mano izquierda, y jamás descansan.