medios de hacerlo.
Oh, cuán buena y pacífica cosa es guardar silencio acerca de los demás, y no dar crédito a la ligera a todos los rumores ni propagarlos; ¡cuán bueno es también abrirse a pocos, buscar tener siempre a Ti como el veedor del corazón; no dejarse llevar por todo viento de palabras, sino desear que todas las cosas internas y externas se hagan según el beneplácito de Tu voluntad!
¡Cuán seguro es para la conservación de la gracia celestial huir de la aprobación humana, y no anhelar las cosas que parecen granjear admiración al exterior, sino seguir con toda diligencia aquellas que traen enmienda de vida y fervor celestial!
Cuántos se han visto perjudicados al hacerse pública su virtud y al ser alabados con demasiada precipitación. Cuán verdaderamente provechosa ha sido la gracia guardada en silencio en esta frágil vida, que, según se nos dice, es toda ella tentación y combate.