Codal
nydus/The Imitation of ChristPublic
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XVI. De cómo debemos sufrir los defectos ajenos

refrenen a los demás, pero de ningún modo consentiremos en ser refrenados. Así, pues, aparece claramente cuán rara vez pesamos a nuestro prójimo en la misma balanza que a nosotros mismos. Si todos los hombres fuesen perfectos, ¿qué tendríamos entonces que sufrir de los demás por Dios?

Mas ahora ha dispuesto Dios así, para que aprendamos a llevar los unos las cargas de los otros, porque ninguno está sin defecto, ninguno sin carga, ninguno se basta a sí mismo, ninguno es suficientemente sabio por sí mismo; sino que nos conviene soportarnos unos a otros, consolarnos unos a otros, ayudarnos, instruirnos, amonestarnos unos a otros.

Qué tanta fuerza tiene cada hombre se prueba mejor en las ocasiones de adversidad: pues tales ocasiones no hacen al hombre frágil, sino que muestran de qué temple está hecho.

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