Del amor a la soledad y al silencio.
Busca un tiempo oportuno para tu meditación, y piensa con frecuencia en las misericordias de Dios para contigo.
Deja las cuestiones curiosas. Estudia aquellos asuntos que te produzcan dolor por el pecado más que entretenimiento.
Si te apartas de las conversaciones frívolas y de los paseos vanos, así como de las novedades y los chismes, hallarás tu tiempo suficiente y apto para la buena meditación.
Los más grandes santos solían evitar en la medida de lo posible la compañía de los hombres, y elegían vivir en secreto con Dios.
Uno ha dicho: «Cuantas veces he estado entre los hombres, otras tantas he vuelto menos hombre». Esto es lo que experimentamos a menudo cuando hemos estado largo tiempo en conversación. Pues es más fácil guardar total silencio que no excederse en las palabras. Es más fácil permanecer oculto en casa que guardarse suficientemente a uno mismo fuera de ella. Aquel, por tanto, que busca alcanzar lo oculto y espiritual, debe ir con Jesús «apartado de la multitud». Nadie va seguro por el mundo si no ama descansar en su hogar. Nadie habla con seguridad sino quien ama guardar silencio. Nadie manda con seguridad sino quien ama estar sujeto.