No obstante, es cosa buena, si el amor aún no puede apartarte del mal, que al menos el temor del infierno te detenga. Mas el que aparta de sí el temor de Dios no podrá perseverar por mucho tiempo en el bien, sino que caerá rápidamente en los lazos del diablo.
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XXIV. Del juicio y castigo de los impíos
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