¡Ay de nosotros, si elegimos descansar, como si fuera un tiempo de paz y seguridad, cuando aún no aparece en nuestra vida ninguna señal de verdadera santidad! Más bien necesitaríamos comenzar de nuevo, como buenos novicios, para ser instruidos en la buena vida, si acaso hubiera esperanza de alguna enmienda futura y de un mayor crecimiento
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XXII. De la contemplación de la miseria humana
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