Que muchos y buenos dones son concedidos a aquellos que comulgan devotamente.
La voz del discípulo.
Oh, Señor Dios mío, prevén a tu siervo con las bendiciones de tu dulzura, para que pueda merecer acercarme digna y devotamente a tu glorioso Sacramento.
Despierta mi corazón hacia Ti y líbrame de mi pesado sopor. Visítame con tu salvación para que pueda gustar en espíritu de tu dulzura, la cual yace copiosamente escondida en este Sacramento como en una fuente.
Ilumina también mis ojos para contemplar tan gran misterio, y fortaléceme para que lo crea con fe indubitable. Pues es tu palabra, no obra de poder humano; es tu santa institución, no invención del hombre.
Porque ningún hombre es hallado por sí mismo apto para recibir y entender estas cosas, que sobrepasan aun la sabiduría de los Ángeles. ¿Qué porción entonces podré yo, indigno pecador, que no soy más que polvo y ceniza, investigar y comprender de tan profundo Sacramento?
Señor, en la sencillez de mi corazón, con buena y firme fe, y conforme a tu voluntad, me acerco a ti con esperanza y reverencia, y creo verdaderamente que estás aquí presente en el Sacramento, Dios y hombre. Quieres, por tanto, que te reciba y me una a ti en la caridad. Por lo cual suplico a tu misericordia, y te imploro que me des tu gracia especial, con este fin: que pueda disolverme por completo y desbordar de amor hacia ti, y no permitir jamás que ningún otro consuelo penetre en mí.