¡Oh, cuán grande Señor hospeda, cuán amado Huésped introduce, cuán deleitable Compañero recibe, cuán fiel Amigo acoge, cuán hermoso y exaltado Esposo, por encima de cualquier otro Amado, abraza, Aquel que ha de ser amado por encima de todas las cosas que pueden ser deseadas! Oh, amadísimo mío, calle el cielo y la tierra y toda la gloria de ellos en Tu presencia; pues cualquier alabanza y belleza que tengan procede de Tu generosa bondad; y jamás alcanzarán la hermosura de Tu Nombre, «Cuya Sabiduría es infinita».
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III
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